Actualizaciones:

Este Blog te ofrece cada tres días una nueva nota, con material original, escrito y producido en su totalidad por el equipo de Rebrote.



Escribí aquí debajo el tema o autor que estás buscando en este blog.

martes, 11 de agosto de 2009

■ Filacterias: la imagen que habla



Filacterias: los personajes además de verse pueden ser escuchados. La imagen aparece por primera vez con su sonido, nos habla. Son un antecedente claro de los primeros globos de texto historietístico.


Cuando decimos "Filacteria" pensamos enseguida en esas imágenes religiosas de la iconografía medieval donde desde la boca de algunos personajes salen palabras, generalmente oraciones enteras enmarcadas por lo que parecieran cintas o pequeños rollos de papel que parecen estar desenrollándose. Estas cintas o papeles presentan textos, oraciones, citas o símbolos. Son para nosotros, la primitiva forma o intento de querer expresar en una misma y sola imagen, el sonido que éstas estarían produciendo. Son entonces un antecedente protohistorietístico del globo de texto o “fumetto”(humito) que saliendo de la boca del personaje indica que éste habla. Los pueblos de Centroamérica también concebían el “humito” como señal de persona parlante o que está hablando, basta ver imágenes que se han conservado como las del códice Mendoza, donde se unen la cultura Azteca con la invasora de España. Pero volviendo a las filacterias propiamente dichas, que abundan en la representación pictórica del medioevo, aquellas primeras representaciones de apóstoles tenían pintado en sus brazos filacterias, porque tenían muy presentes las costumbres y tradiciones judias, de las que el cristianismo no sólo venía sino que abrevaba. Por eso se las llama así, porque las Filacterias (phylacterĭa, en latín) iconográficas de la cristiandad, se refieren a unas cajitas de cuero que se llevaban atadas a las manos en la cultura hebrea, cajitas que contenían pasajes religiosos que debían tenerse siempre cerca de los ojos, siempre presentes, para ser leídos rápidamente. “Phylacterĭa” deriva entonces del hebreo : תפילין, Tefilín, y éste viene del griego "Phylakterion" («protección, amuleto»).
Puede leerse en el Deuteronomio 11-18: «Por tanto, pondréis estas mis palabras en vuestro corazón y en vuestra alma, y las ataréis como señal en vuestra mano, y serán por frontales entre vuestros ojos».
Una de las cosas que llegaron a estas tierras con la cultura impuesta al aborigen por los españoles, fue la imprenta. Los hombres de la conquista y colonización establecieron ciudades y en ellas en mayor o menor medida se comenzaron
a editar hojas volantes primero y periódicos después. La larga tradición de publicaciones periódicas con caricaturas de figuras notables en la prensa europea, satirizadas, se trasladó con eficacia al continente americano. Mariano Moreno publicó nuestro primer periódico el 7 de junio de 1810 llamado la "Gazeta de Buenos Ayres", y sus primeros redactores fueron el mismo Moreno, Juan José Castelli y Manuel Belgrano. Pero no contenía dibujos. La primera caricatura publicada fue la de un burro y tenía un texto cercano a su cabeza que varía según el autor consultado. Lo más probable sea el que decía “Viva la Religión”. Veamos lo que nos dice el investigador Oscar Vázquez Lucio, «Silunas»: “quiero advertirle que aunque algunos autores han atribuido al padre Castañeda la cabeza del burro rebuznando, no "Viva la Religión" sino "Viva el Rey", la versión original era la primera, y por ello mismo sostengo no pudo haber sido realizada por Castañeda, quien defendía la religión por encima de todo. Yo señalé oportunamente la imposibilidad de que Castañeda hubiera realizado esa caricatura, al llegar al diario en que se publicó por primera vez, y antes de que la palabra "religión" fuera reemplazada por «Rey»".
En este blog puede verse la cabeza de burro a la que le he agregado el texto a modo de «filactería» según las descripciones de origen, ya que la imagen que contaba no poseía texto. Los otros ejemplos que pueden verse aquí son extraídos de publicaciones que han reproducido exactamente las imágenes. Estas son de la época en que Rosas, gobernador de Buenos Aires, era resistido por sus opositores desde el exilio en Chile o –como en este caso- en Montevideo – a través de una serie de publicaciones. Las más conocidas son “Muera Rosas” y “El grito arjentino” (sic). En ellas con dibujante anónimo pero la hoy reconocida pluma de figuras como Valentín Alsina, Juan Bautista Alberdi, Andrés Lamas, Miguel Cané, Luis Domínguez, Juan Thompson (hacia 1839), y Juan María Gutiérrez, José Mármol, Gervasio Posadas y Esteban Etcheverría (hacia 1841), se denostaba al gobernante argentino Juan Manuel de Rosas. Lo hacían con una prosa y unas imágenes que hoy nos resultan artificiosas pero que deben haber causado mucho revuelo en aquellos años del siglo XIX. A Rosas se lo mostraba comiendo niños, como asesino, ser diabólico, amanerado, miedoso, etc. Todas formas de esa época para intentar desacreditar y maltratar a alguien. Hoy resultan ingenuas las imágenes en si mismas pero claramente nos ilustran de algo que ya entonces no tenía nada de ingenuo: cómo el poder de la palabra escrita, (por caso aquél poder periodístico), se expresa formando opinión sobre algo o alguien. No dándonos la visión más cercana a la realidad, sino intentando imponernos SU visión. Anteponiendo entonces a la verdad, sus intereses propios y particulares.
Traigo algunas de esas filacterias aquí como un antecedente prehistorietístico. Y resalto el valor gráfico que poseen. Hay una, especialmente interesante y es esa donde varios soldados aparecen dialogando tranquilamente. Allí pueden verse filacterias que parten de sus bocas y los rodean. Una forma, un buen intento para expresar un diálogo, una buena manera de decirnos que esos «dibujitos», en ese instante, nos están hablando.
Felipe Ricardo Avila

Bibliografía consultada:
● Autores varios: “Histoire Mondiale de la Bande Dessinée", Pierre Horay Editeur, Francia.● Bróccoli, Alberto y Trillo, Carlos: “El Humor Gráfico”, Ejemplar Nº 69 de la colección “La historia Popular / Vida y milagros de nuestro pueblo”, Centro Editor de América Latina, Argentina, febrero de 1972.● Coma, Javier: “Historia de los comics”, Toutain Editor, España, 1986.● Del Río, Eduardo (Rius): “La vida de Cuadritos”, Editorial Grijalbo, México, abril de 1984.● Gasca, Luis y Gubern, Roman: “El discurso del Comic”, Cátedra, Colección Signo e Imagen, España, 1988.● Grassi, Alfredo J.: “Qué es la historieta”, Colección Esquemas Nº 88, Editorial Columba, Argentina, 1968.● Gutiérrez, José María: “La historieta argentina / De la caricatura política a las primeras series”, Ediciones Biblioteca Nacional y Página / 12, Argentina, octubre de 1999.● Moro, Roberto: “Rosas en las láminas de “El Grito”, Arturo Peña Lillo & Monte Chué Editores, Argentina, febrero de 1974.● Trillo, Carlos y Saccomanno, Guillermo: “La historia de la historieta Argentina”, Ediciones Record, Argentina, 1980.● Vázquez Lucio, Oscar (“Siulnas”): “Historia del humor gráfico y escrito en la Argentina (1801-1985)”, Ediciones Eudeba, Argentina, 1985. Y "Wikipedia", la enciclopedia libre de internet.

jueves, 6 de agosto de 2009

* Confesiones de Invierno (2) Carlos Leopardi


Evocación del artista en una nota escrita especialmente para Rebrote por José Massaroli.


Introducción a esta nota:
Javier Rago.



----------
Leopardi,
sobre el espejo del recuerdo

En una época en la que abunda la información de cualquier cosa, calificada o no; en la que no se titubea si es correcto o no difundir data ajena en espacios web masivos no autorizados, poco confiables, improvisados, sin filtro; en la que se reproduce una misma información hasta el hartazgo, sin cambiar una coma, pero a menudo extirpando la firma final, en todo tipo de blogs, websites, etc., trasgrediendo el derecho de terceros como si éste se tratara de un recurso obsoleto... En medio de semejante caos de distribución y abuso de la información, oral, escrita, radial, virtual y televisiva, aún existen temas excentos de material, y –en consecuencia– de vulgarización desenfrenada.
Resulta casi impensable reconocer que a esta altura, hoy, a mediados de 2009, no abunda –ni hay poca– información sobre el desaparecido dibujante e ilustrador publicitario Carlos Leopardi. Haciendo un rastreo en la web aparece un millar de veces la obviedad de ser éste uno de los dibujantes de Nippur de Lagash. Información absolutamente pobre para retratar la carnadura de un artista excepcional. Sabemos lo que dicen sus obras, lo que no pueden mentir las publicaciones de las décadas del 70 y 80, de la Editorial Columba. Sabemos lo que es tangible, lo que masivamente hemos obtenido en el curso de su desempeño como dibujante. Sabemos que trabajó en la agencia de publicidad Walter Thompson, sabemos que hizo historietas bélicas, que incursionó en el área de los dibujos animados, pero no hay entrevistas, no hay documentación escrita accesible para llenar el bache biográfico y curricular de su vida. No hay homenajes, salvo el que como lectores generamos manteniendo viva su memoria gracias a esas impagables páginas, y el homenaje que algunos entendedores y coleccionistas hacen adquiriendo ejemplares polvorientos y arrinconados en comercios de canje en los barrios de la capital.

Ni siquiera conocíamos su rostro,nosotros como lectores: cuando el diario Clarín editó su primera colección de Historieta incluyendo a Nippur, dedicó unas pocas páginas para los autores. Allí se menciona a Leopardi, pero no aparece su cara, sólo está el espacio indicado. Y está vacío.Todo un signo.

Pero hay gente que sabe. Y hay que ir a buscarla, hay toda una generación tal vez poco afecta al medio de internet o simplemente reservada, que atesora recuerdos puertas adentro, y los comparte con aquellos que tienen un auténtico interés por recordarlo. Hay una persona que me escribió un mail con el fin de reunirnos para contarme cosas de Carlos Leopardi... un vecino, me dijo que era. Las fuentes están, habrá que aprender a reconocerlas y a diferenciarlas cuando sean válidas, cotejándolas con lo que uno ya sabe y con lo que cuenta otra gente que es una absoluta garantía. Y algo de esto queremos contar.

Haber compilado varias referencias sobre Carlos Leopardi, y saber que las mismas han abrevado en la experiencia compartida de un colega y amigo suyo –el talentoso y dúctil José Massaroli–, quien nos ha relatado cómo fue convivir en un ámbito de trabajo y de amistad, en el seno del Estudio Géminis, hace que podamos acercarnos al Leopardi humano, mucho más que al simple referente de haber sido él, Leopardi, en opinión de muchos, quien le diera el más veraz y descarnado rostro al errante de Lagash.

Es por todo esto que deseamos compartir un acercamiento al material de que disponemos, el cual esperamos ampliar y publicar en el futuro, en una edición especial en papel. Esperamos que lo disfruten, del mismo modo que nosotros lo hacemos intentando, desde nuestra humilde labor, replegar la brecha del desconocimiento y del olvido en el campo del noveno arte.

Javier Ignacio Rago (Rolkiem)
Rebrote

Confesiones de Invierno (2):
Carlos Leopardi
"La pluma, la espada".

(fragmentos de una semblanza sobre Leopardi escrita especialmente para Rebrote por José Massaroli, para ser incluído en un próximo y más extenso trabajo sobre el eximio dibujante desaparecido, recordado por todos por haber sido quien dibujara a Nippur en el episodio en que pierde un ojo).

"Se parecía a los hirsutos y poderosos guerreros que dibujaba. En escala reducida, claro. Como si estuviera predestinado. No era alto, pero sí barbudo, con el pelo negro, crespo, omnipresente. "¡Tiene pelo hasta en los ojos!" se maravillaba Merel. Era como un oso de peluche, cálido, amistoso, servicial, los ojitos chiquitos de tanto estar contento".


"Usted tiene que hacer como Leopardi"-me había dicho Presa, el discutido pero insoslayable Jefe de Arte de Columba- ¿Ve? Donde Lucho pone una lanza, él pone cinco, donde había una línea, Leopardi le mete diez. Le da más al lector. Enriquece el estilo..." Fue la primera vea que oí hablar de él, cuando empezaban a publicarse sus primeros Nippur y ya eran inconfundiblemente distintos a todo lo que se había dibujado hasta entonces. Tenían una garra especial, una fuerza...

Lo conocí una noche de fines de los '70, cuando pasaba por la vereda de Las Cuartetas, Adentro, el Flaco Szilagyi, Frank, comía pizza de parado junto a un gordito sonriente y desconocido... ¡Desconocido para mí! En realidad, era el dibujante del que todo el mundo hablaba por esos tiempos: ¡La última revelación de Columba! El que le había dado al universo de Nippur de Lagash un nuevo aspecto, rústico, cerril, más creíble, mucho más violento. Frank no vaciló en presentármelo y al rato nomás estábamos compartiendo nuevas porciones de pizza, brindando, desparramando buen humor y muzzarella por igual. Un tipo macanudo. Sencillo, como los verdaderamente grandes.

A partir de ahí, me lo encontraba de vez en cuando, en la Editorial o cuando yo caía de visita por Géminis, la oficina que Carlitos compartía con Horacio Merel y algunos de sus antiguos compañeros del legendario curso de historieta que diera Alberto Breccia en el IDA, a fines de los '60, como Gaspar González y Rubén Villarreal, además de un sinfín de visitantes como yo, que no los dejaban laburar en paz... Pero por algo estaba allí, tomando mate, soportando y asestando incesantes bromas, dándole vida a aquellas enormes páginas de Columba: "Trabajando en tu casa, no te sentís un profesional", me dijo alguna vez".
(...)
En 1986, fuimos compañeros en el estudio de animación de Jaime Díaz, en la calle Perú. Dibujábamos los layouts de Wildfire, una serie de Hanna-Barbera con caballos, guerreros y seres sobrenaturales, ideal para que dibujantes como Mulko, Meglia o el mismo Leopardi mostraran todo su talento. Compartimos allí horas gloriosas. Como aquella noche en que se mandó, en una hoja gigante de papel para bocetos que colgaba de un caballete y nos tentaba a dibujar a mano alzada, un croquis genial de Männken en su mesa de trabajo, con el loro al hombro, y luego Jesús Balbi se puso a pintar un paisaje con unos acrílicos carísimos que había traído Jaime de USA y Carlitos le echaba agua a los colores con la pava del mate y le decía: "Póngale más luz, maestro, ¡más luz!."

Una noche, en casa, viendo mis dibujos me dice: "La línea tiene que ser segura, hay que tirarla de una sola vez, aunque te quede mal, no importa: ¡Tiene frescura! Si la retocás la estropeás." Así dibujaba. La pluma como una espada. El trazo como un mandoble, violento, drástico. Con decisión, casi con la impunidad del que sabe lo que siente y cómo expresarlo".
(...)
"Cuando Frank me avisó que El Gordo nos había dejado del todo, no lo podía creer. ¡Pero si Carlitos está! Aquí. En la memoria de los que lo conocimos. En la mesa donde Merel y Gaspar recuerdan las mil anécdotas de los tiempos de Géminis. En la mirada asombrada de quienes vuelven a saborear una y otra vez aquellas historietas donde la línea es feroz, donde Nippur pierde el ojo en una página inolvidable, donde lucha con lobos que parecen humanos de tan crueles, donde la mejor serie de Robin Wood alcanza su grado más alto de riqueza expresiva, donde se ve la zurda de un grande".

José Massaroli


(Fragmento de un texto más extenso y completo, las fotografías que aparecen aquí son por gentileza de José Massaroli (en la foto adjunta, dibujando en el año 1980). Para leer más sobre este artista:http://www.rebrote.com/
Y en este blog:
http://rebroteorganizandoeventos.blogspot.com/2009/07/entrevista-jose-massaroli.html

miércoles, 5 de agosto de 2009

☺Los libros para salvar de todas las hogueras


Todos los que escribimos sobre la historieta
es seguro que no procedemos igual. Yo investigo, voy a las fuentes (artistas, escritores, etc.) o busco en buenos libros una guia, la documentación necesaria. Y siempre cito la fuente, como debe ser. En este caso les quiero mostrar esos libros que nos hablan de historieta y nos ayudan, de algún modo. a pensar.


Yo tengo a esta serie de libros no ya como "libros de cabecera" sino, como verdaderas "almohadas de cabecera",se podría decir. Almohada donde uno sabe apoyar su confianza para disfrutar, aunque esto no excluya polemizar. Estos libros los he leído de noche y de día, desde la portadilla hasta el pie de imprenta de la retiración final, en todos y en cada uno de estos casos.


Con algunos libros he compartido pasión y fundamentos, con otros me he peleado amistosamente, como hace uno cuando discrepa intelectualmente con conceptos,ideas y -diría- hasta emociones que un autor ha volcado en su trabajo.


A todos ellos los recomiendo. Autores y libros.


Seguramente hay otros, que me he perdido. Y habrá más en el futuro, quién lo puede dudar. Pero han sido estos y son estos los que me han hecho muchas más veces que otros, pensar en la historieta. Desde este humilde lugar, este blog, les quiero mandar a sus autores un cálido agradecimiento. Y pongo a disposición de todo el que lee, a modo de pequeña lista, los libros que para mi son necesarios para cualquiera que inicie o amplíe una investigación que roce a la literatura verbo-icónica, o "livic".


Nuestra entrañable historieta latinoamericana, nunca "comic"...


Se podría decir de estos libros, finalmente, que son aquellos que uno debería salvar de un desastre, de un naufragio o incendio, de todas esas hogueras a las que la mediocridad humana les exponga.


Bibliografía necesaria:

Autores varios: “Histoire Mondiale de la Bande Dessinée", Pierre Horay Editeur, Francia.

Bróccoli, Alberto y Trillo, Carlos: “El Humor Gráfico”, Ejemplar Nº 69 de la colección “La historia Popular / Vida y milagros de nuestro pueblo”, Centro Editor de América Latina, Argentina, febrero de 1972.

Coma, Javier: “Historia de los comics”, Toutain Editor, España, 1986.

Del Río, Eduardo (Rius): “La vida de Cuadritos”, Editorial Grijalbo, México, abril de 1984.

Dorfman, Ariel y Mattelart, Armand: “Para leer al Pato Donald”, Ediciones Universitarias de Valparaíso, Chile, 1971.

Gasca, Luis y Gubern, Roman: “El discurso del Comic”, Cátedra, Colección Signo e Imagen, España, 1988.

Grassi, Alfredo J.: “Qué es la historieta”, Colección Esquemas Nº 88, Editorial Columba, Argentina, 1968.

Gutiérrez, José María: “La historieta argentina / De la caricatura política a las primeras series”, Ediciones Biblioteca Nacional y Página / 12, Argentina, octubre de 1999.

Masotta, Oscar: “La historieta en el mundo moderno”, Editorial Paidós, Argentina, mayo de 1970.

Masotta, Oscar, Lipszyc, David y otros: “La historieta Mundial”, catálogo 1ª Bienal Mundial de la Historieta", Escuela Panamericana de Arte e Instituto Torcuato Di Tella, 1968.

Moro, Roberto: “Rosas en las láminas de “El Grito”, Arturo Peña Lillo & Monte Chué Editores, Argentina, febrero de 1974.

Steimberg, Oscar: “Leyendo historietas”, Ediciones Nueva Visión, Colección Lenguajes, Argentina, septiembre de 1977.

Trillo, Carlos y Bróccoli, Alberto: “Las historietas”, Centro Editor de América Latina, Argentina, 1971.

Trillo, Carlos y Saccomanno, Guillermo: “La historia de la historieta Argentina”, Ediciones Record, Argentina, 1980.

Vázquez Lucio, Oscar (“Siulnas”): “Historia del humor gráfico y escrito en la Argentina (1801-1985)”, Ediciones Eudeba, Argentina, 1985.


* Confesiones de invierno (1) Pablo Pereyra

Comienzo hoy aquí una nueva sección, pequeña, casi íntima. Se llama como aquella canción de Charly García, y más de uno al leerla pensará en esos acordes hechos en guitarra acústica como fondo para la misma lectura (¿Por qué no?). Pero se refiere concretamente a pequeñas anécdotas, recuerdos casi borrosos que no sólo yo sino otras personas, irán dejando en este blog acerca de sus experiencias muy cercanas con guionistas, dibujantes, artistas de este mundo nuestro de la livic, la literatura verboicónica...
la historieta,che.


Confesiones de Invierno (1):
El maestro de dibujantes.


Pablo Pereyra fue un excelente dibujante, publicista y diseñador, maestro de maestros en esto del dibujo en Argentina. Él fue el responsable del diseño de las míticas revistas de historietas “Hora Cero” y “Frontera”. Nombres que el mismo le propuso a Oesterheld en su momento.




Allá por el año 1980, más o menos, pude conocerlo personalmente. Habremos charlado dos o tres veces y siempre en el mismo contexto: yo acompañaba a mi amigo Horacio a sus clases. Horacio había empezado unos meses atrás conmigo, en 1979, cuando nos anotamos juntos en unos cursos que vimos en las revistas de Ediciones record. El curso era para aprender a dibujar y escribir historietas. El aviso –engañoso- decía que Lucho Olivera y otros profesionales enseñaban dibujo. Por supuesto me anoté. Pero Lucho ya no estaba. En su lugar aprendimos a valorar los conocimientos y el don de gente de esos profesores: Leandro Sesarego (un ilustrador de primera), Cilencio (Eugenio Cilento, que empezaba a ser conocido con sus cartoons), Linton Howard (con sus largas y aburridas clases de guión historietístico, que derivaba siempre hacia los comienzos del cine mudo norteamericano, para terminar charlando con un compañero mucho mas grande que nosotros, el arquitecto Esteban Larucchia, que le contaba de los libros de historietas que tenía.Mientras los demás hacíamos caricaturas de Linton y esperábamos el fin de la clase). Y también estaba allí un gran ser humano, Enrique Cristóbal, un señor historietista. Allí estaba el plantel de base de lo que poco después daría a conocerse como el primer Fanzine argentino: "Crash",del que tal vez algunos escucharan hablar. Pero para eso faltaba algún tiempo, mientras tanto y a pesar del desencanto de no poder (aún) estudiar con Lucho Olivera,yo intentaba igual estudiar con esos profesionales,para llegar a ser también como ellos un "historietista". Hay que decir que como las condiciones económicas eran malas, pronto tuve que abandonar el curso, al no poder pagar la cuota mensual. Las clases originalmente comenzadas en la galería Güemes habían pasado rápidamente a unas oficinas en la zona de Once, cerca de la estación Miserere. Fruto de contradicciones internas entre los dibujantes asociados(¿alguna vez alguien escribirá cuántas "A.D.A.",cuántas Asociaciones de Dibujantes hubo en nuestro país?.Así que dejé de concurrir pero igual estaba al tanto de algunas cosas. Mi amigo Horacio, en cambio, siguió un par de años y así fue derivado a la escuela de Pablo Pereyra (ver aviso suyo extraído de una revista de dibujo), mientras era alumno de varios profesores más, de los que aprendió muchísimo, como Frank Szylagy, Pablo Mártire, y Cativa. Y sobre todo, aprendió con Pablo Pereyra, del que además de cientos de horas de "modelo vivo" y aprendizaje de la anatomia humana, mi amigo Horacio recogía -y desparramaba luego entre los amigos- múltiples y divertidas anécdotas.

Pero ahora yo estaba ahí en el lugar de clases, frente a esa gloria viviente: el maestro de dibujantes, Pablo Pereyra. El hombre era aún grandote, se notaba que había sido jugador de Rugby años atrás. ”¡Qué hacés, flaco de mierda! ¿Trajiste a tu amigo? Le espetó a Horacio, sobre mí. Nos reímos. Pereyra era de esos tipos capaces de decirte una mala palabra y sin embargo hacerte reír. Lo recuerdo así, y tal vez sea como tantas cosas que la memoria deforma. Pero creo recordarlo exactamente como lo veía.
Era un hombre de sonrisa grande, en una cara algo dura de rasgos. Y su hablar era campechano, como su movimiento. Parecía un hombre sencillo, y a la vez era maravilloso enseñando dibujo. La oficina-escuela quedaba por la calle Florida.Más precisamente en la Galería Güemes, en la zona bancaria de Bs. As. Recuerdo que en las paredes había cuadritos con distintas ilustraciones hechas por Pereyra. Jugadores de rugby en lucha por el balón, surgían de entre líneas de tinta negra que sobresalían de sus bordes, como escapando a las figuras básicas geométricas que les daban forma. Otros cuadros eran algunas de las tapas a color que Pereyra realizara para la recordada colección “Robin Hood”, de Editorial Acme; ilustraciones sobre novelas famosas de la literatura universal. Algo sin embargo no me cerraba, y eran unas opiniones sobre Oesterheld que, Horacio me había contado, Pereyra había deslizado en un par de clases:“Dijo que no sé en que andaba metido, que ...” -me comentaba sin grandes precisiones, mi amigo, un adolescente como yo, en ese entonces. Y no podía dármelas a esas precisiones, así que todo quedó en que pareciera haber sido un reproche de Pablo Pereyra, hecho en caliente, hacia un muy conocido guionista de historieta que un día apareció para ver la clase.“Ustedes le dan manija a Oesterheld, a ese...” ,Le gruñó Pereyra.

Todo esto sucedió, y la memoria aquí es fiel; pero era tanto lo que desconocíamos de lo que estaba sucediendo (no los colegas de Oesterheld, evidentemente, sino los alumnos, los nuevitos, el público en general), que las preguntas quedaron sin respuestas. Lamentablemente.

Pablo Pereyra fue un grandísimo artista y todos sus alumnos lo recuerdan además como un gran hombre y valoran sus cualidades. Por algo debe ser. Tal vez esta pequeña anécdota sobre su opinión personal sobre Oesterheld no le haga honor a su verdadera forma de ser, a su valía como ser humano, y a su don de gente tantas veces reconocido. Pero muestra posiblemente con claridad cómo es que han coexistido en nuestro país, varias Argentinas, las que trágicamente muchas veces no sólo no se han puesto de acuerdo sino que se han rechazado inevitablemente. Pereyra fue seguramente un gran tipo.
Oesterheld también. Y ese joven guionista de entonces bastante hacía(o hacían) con ese miedo encima a su propia suerte mientras divulgaban para las nuevas generaciones (nosotros y los que vendrían) la fantástica y magnífica obra creativa de Oesterheld.
Quede este relato como una simple anécdota, un recuerdo, para que no se pierdan también para siempre las cosas que ha modo de iniciales "confesiones de Invierno" aquí les he narrado. Con contradicciones. De ese tipo de contradicciones, tan nuestras.


Felipe R. Avila
La cara de Pablo Pereyra está tomada del sector central de una foto más grande,grupal, gentileza del artista José Massaroli.

viernes, 24 de julio de 2009

Las VERDADERAS historietas MÁS ANTIGUAS




Prensa amarilla y velocidad de “desinformación”
"LA HISTORIETA MÁS ANTIGUA NO ES LA PRIMERA"
(Ensayo)
Anticipo de un trabajo más extenso actualmente en elaboración.


Generalizado a toda la prensa sensacionalista, el término "amarillismo periodístico" está identificado con el mensaje de un diario norteamericano y la tira humorística que se publicaba en el mismo, llamada "The Yellow Kid". Muchos la consideran como la primera historieta del mundo, aunque en realidad no lo es. Se trata de un paradigma más del bombardeo informativo al que estamos sometidos diariamente, que nos impide prestar atención a lo que leemos, vemos y escuchamos y, en definitiva, a conocer la verdad. Aquí te la mostramos, cuadro por cuadro.

Existe una natural predisposición cultural en todos nosotros a convalidar, a dar por bueno y correcto, lo que leemos impreso o lo que escuchamos a través de algún medio de difusión. Hay, de hecho, un aura de prestigio y de razonable credibilidad en ellos, sustentada en una imagen que han formado de sí mismos y que, por supuesto, nosotros, como receptores de esa información, hemos contribuido a acrecentar. No significa esto que debamos dudar de la totalidad de los datos que recibimos, sino de la necesidad de detenernos a prestar atención a lo que leemos o escuchamos. Vivimos a mil por hora y se nos informa "con velocidad"; prestar atención implica aminorar la velocidad de "desinformación".
Así, se pueden encontrar afirmaciones rotundas sobre hechos que podrían ser fácilmente verificables si antepusiéramos lo que se dice a lo que creemos o queremos escuchar. Desde ya que lo que se nos comunica no siempre es correcto, es decir que nos encontramos, como receptores que somos, con información retaceada y a veces disfrazada, estructurada de forma tal que condiciona en nosotros determinadas respuestas (lo de creer escuchar o leer algo determinado en vez de discernir sobre el mensaje recibido). Por ultimo está la verdad, la simple y sencilla cantidad de datos que conforman información y que se atienen a la realidad.
Alguien dijo alguna vez que si todos los diarios de Estados Unidos publicaran en primera plana que su presidente ha muerto, a éste le sería muy difícil demostrarle y hacerle creer a la gente por la calle que está vivo, que lo que se dijo no es cierto.
Existe el Poder de la Información, del que hablaba Parsons. Ese "yo sé de ti lo que tu no sabes de ti mismo". Y existe una aceptación cultural en nosotros, Occidente, hacia todo lo que esté barnizado de tecnología. Es más vivo que lo vivo y es más cierto que la verdad lo que se dijo por radio, lo que se leyó en el diario, lo que se vio en televisión o en Internet y hasta ese garabato que quiere ser una firma cuando lo acompaña un sello, aunque sea indescifrable.
En los límites de la desinformación ronda la exageración del amarillismo periodístico. Este término se ha generalizado a toda la prensa sensacionalista, por identificación entre el mensaje de un diario de estas características que lo emitía y el personaje humorístico vestido con un largo camisón amarillo que se publicaba en el mismo. Este diario era el "Morning Journal", del magnate William Randolfh Hearst, y el personaje era el pibe amarillo, "The Yellow Kid". Creado por Richard Felton Outcault, había aparecido originalmente en las paginas del "World" de Pulitzer, el 5 de mayo de 1895 bajo el título "At the Circus in Hogan's Alley" y el 5 de enero de 1896 se imprime el color amarillo por primera vez en su camisón. La popularidad del personaje crece y pasa entonces al diario de Hearst. Aunque "The Yellow Kid" es considerada la primer historieta del mundo, no lo es.
Es un caso paradigmático de lo antes mencionado: la velocidad de desinformación. Estados Unidos hizo, tanto del cine como de la historieta, una industria: ha multiplicado el "producto"; pero a partir del acrecentamiento de sus posibilidades creativas y comunicacionales, ha conseguido en tantísimas ocasiones, verdaderas obras de arte. Pero lo que no logró, aunque muchas veces lo hayamos leído "con velocidad", es crear ni el cine ni la historieta. Definitivamente, "The Yellow Kid" no es la primera historieta del mundo.

Hecha la salvedad de las
"protohistorietas", antecedentes prehistorietísticos, la sucesión de imágenes que narra una historia es historieta en cuanto el soporte sea papel y la tinta sea la que imprima la imagen que guionistas y dibujantes crearan. Hago esta salvedad porque suelen verse murales con cuadros gigantes que nos llevan mentalmente a la idea de la historieta, pero no lo son.Son murales, son pinturas en paredes,que evocan historieta. Son paredes pintadas, del mismo modo que uno no confunde un mural con una arquigrafía (una especie de mural pero donde lo pintado hace referencia explícita e indudable a lo que hay detrás de la pared, en el interior; el mural en cambio puede no tener nada que ver en su imagen con lo que está debajo o atrás). Una cosa es un mural, aunque se evoque una historieta. Tampoco, según esta mi forma de ver, serían historietas las publicidades que hacen referencia a un personaje o muestran alguna secuencia,ellos son carteles o son posters o afiches.Es otra cosa. Son piezas gráficas si se quiere, ABSOLUTAMENTE DISTINTAS a lo que la historieta. Del mismo modo, muchas veces se evoca algo, es decir se metaforiza, se hace mención o se nos lleva a pensar en algo...sin que eso esté ahí. Por eso, y según este criterio, no serían tampoco historietas esos cuadros de Goya o de otros pintores que en la sucesión de su observación, es decir mirando uno al lado del otro, nos brindan una secuencia. Son en realidad pinturas, cuadros, la representación plástica de un cuadro con una escena que enlaza a otro cuadro y así. Pero en la totalidad NO CONFORMAN HISTORIETA. Son otra cosa.Son cuadros.Y aquellos ejemplos anteriores: paredes pintadas, carteles,afiches. Pienso ahora en el Arte Pop de Roy Lichtenstein como el mejor ejemplo: no eran historietas, eran cuadros con ampliaciones a tal punto que se veía la retícula tramada de impresión.Eran cuadros EVOCANDO LA TECNICA Y A LA HISTORIETA.



NO ERAN HISTORIETAS.
Por eso para mi es historieta como decía más arriba cuando existe la secuencia,etc,etc, pero impresa en tinta sobre papel.Podríamos agregar la historieta que puede verse en la pantalla de una computadora en forma íntegra, página o tira completa. Donde lo visto no cumple otra función más que la de servir a la narración. Además, salvo las historietas hechas directamente en la computadora, la mayoría son realizadas en el papel y luego digitalizadas. es decir, otra vez: tinta...sobre papel.

Está claro que esta definición no recorta las posibilidades creativas: los originales pueden realizarse con cualquier técnica deseada, pero luego vendría la etapa de pre-impresión con la confección de películas y planchas y luego sí, finalmente, la impresión. Allí, la tinta sobre el papel nos daría la historieta, siempre y cuando se conjuguen un par de elementos característicos: la narración secuencial y la palabra junto con la imagen. (*). Esto no ocurría en "The Yellow Kid" sino hasta el fin del año 1896, donde aparecen viñetas y el característico "ballon", o globo donde está escrito el texto. Al comienzo, el mismo aparecía en el camisón del personaje.


LAS VERDADERAS PRIMERAS HISTORIETAS HECHAS EN EL MUNDO.
Bastante antes que el pibe amarillo, en 1865, aparecía una "tira" humorística de gran aceptación popular en Alemania: "Max und Moritz", de Wilhelm Busch. Son los típicos niños traviesos que, en virtud de la simpatía del público hacia ellos, movió años después (1897) a Hearst a pedir a un joven dibujante de su diario la "creación" de un nuevo personaje. Así nació "Ach, Those Katzenjammer Kids", luego conocidos en el mundo como "Los sobrinos del Capitán". Se cita comúnmente a Yellow Kid por el uso del "globo" con texto, pero ya en Inglaterra aparecían pequeños ejemplos en las revistas "Chip" y "Comic Cuts" (1890) y anteriormente (1884-6), "Ally Sloper" de W.G. Baster.
Posiblemente sea "La Famille Fenouillard" (1889), de George Colomb, un dibujante francés que firmaba "Christophe", una de las historietas más antiguas conocidas, que no es lo mismo que decir la primera.




Pero si uno quiere ser preciso, hay que remontarse a las tiras y páginas realizadas por el suizo Töpffer (31/01/1799-08/06/1846) para encontrar las primeras y verdaderas historietas.Pueden verse ejemplos adjuntos en este sitio.




Nombremos precursores:
Rodolphe Töpffer publicando "Historie de Mr.Vieux-Bois" en 1827.
Amédée de Noé ("Cham"): "M. de Vertpré", 1840.
K. Braun y Wilhelm Busch: "Munchener Bilderbogen", 1845.
Gaspard-Félix Tournachon ("Nadar")con la historieta "Vida pública y privada de Monsieur Réac", de 1849.
Gustave Doré: "Désagréments d´un voyage d´agrément", en 1851.
Gustave Doré: "Historie de la Sainte Russie", 1854.
Steinlen: "Le Chat et la grenouille", en "le chat Noir" de 1877 a 1888.
Caran D´ache: "La dame blnche vous regarde", en "le Chat Noir".
George Colomb ("Christophe"): "La famille Fenouillard", en "le petit francais Ilustré", 1889.
Emily de Tessier ("Marie Duval"): "Some of the mysteries loan and discount", en "Judy", año 1867.
W.G.Baxter: "Heads of the people", en "Ally Sloper´s Half Holiday", 1886.
Christophe: "Le Sapeur Camember", en "le petit francais Ilustré", enero de 1890.
A. Chasemore: "Ally Sloper´s half Holidfay", 1890.
W.F.Thomas: "Arrest of Sloper",idem anterior, año 1890.
A.Gary: cubierta de revista "Funny Cuts" Nº45, (ver imagen adjunta en una próxima entrada de este blog), 1891.

(*) Esto es livic o historieta: tinta sobre papel, para mostrar una narración en imágenes en forma de secuencia, con o sin signos escritos, pero imagen secuenciada. Cualquier otro ejemplo anterior en otro soporte, por caso piedras de una caverna, cuadros de pintores que colocados juntos se visualizan como secuencia, etc, no cumplen esta definición, la más precisa y exacta. A veces se confunde la gente al advertir en piezas de carácter publicitario o en imágenes trasladadas a otros soportes - en vez de papel, la tela de una remera por ejemplo – elementos cuasi historietísticos: un dibujo en un cuadro o dos seguidos, un signo u onomatopeya ampliado, etc. Pero esto no es historieta. Son elementos sacados del contexto para otra aplicación. Tal vez signos en su dualidad de concepto e imagen acústica. Es como si uno por escribir un graffiti –un texto breve sobre una pared- dijera que ha realizado una obra de la literatura. Sólo será un buen o mal ejemplo de texto escrito, según el caso, y siempre será, eso si, un producto cultural.

Felipe R. Ávila

Nota publicada originalmente en la revista Bancarios del Provincia Nº 563, julio 1994.Se le han efectuado algunos agregados y breves retoques (como lo de Internet) para actualizarla.
Bibliografía utilizada:
"Histoire Mondiale de la bande dessinée", varios autores, Pierre Horay Editeur.