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lunes, 8 de abril de 2013

Confesiones de Invierno (13):Las clases de dibujo de Leandro Sesarego y un original suyo, INÉDITO.

LEANDRO SESAREGO

Reencontrame con viejos cuadernos, donde están los apuntes,dibujos, anotaciones, caricaturas que hacíamos cuando éramos alumnos del taller que dictaban los dibujantes de la A.D.A. en el año 1979 fue reconfortante. Aunque algo de nostalgia hay, porque el tiempo pasa siempre y no vuelve,también uno comprende aquél período de formación como de características iniciáticas:uno aprendía allí conceptos. Los dibujantes eran personas mayores que uno pero de carne y hueso, con voz propia.Nunca más seres anónimos con sus apellidos al inico de la hoja de papel impreso, al comenzar la lectura de una historieta cualquiera. De los avatares,peleas o discusiones entre pares se podría escribir una historia paralela a la de la historieta ya que por ser justamente humanos y no sólo artistas, los creativos tenían intereses muchas veces opuestos entre sí.Había grupos y grupitos. Enemistades parciales. O como el mismo Sesarego escribiera una vez en el boletín de la A.D.A.: "compartimentos estancos".

Leandro Sesarego en la década del setenta. 
Fotografía: cortesía de su hijo Guillermo.
 
Leandro Sesarego presidia la Asociación de dibujantes de la Argentina y en ese caracter promocionaron un curso de historietas y humor con Lucho Olivera a la cabeza, del que ya hemos dado noticia en este mismo blog. Era el año 1979, un año comido por un gobierno militar del que yo como adolescente ignoraba-y no es excusa pero fue así - ignoraba casi todo. Faltaba un año para que fuera llevado a cumplir con el servicio militar pero eso es otra historia. Allí delante nuestro,entre 2 y 3 veces a la semana estaban esos monstruos de carne y sangre,bien reales que escribían y dibujaban las historietas que nos llevaban al reino de la aventura,la fantasía y la evasión. Del trato directo-cual maestro y alumno en talleres medievales- nosotros como todas las generaciones anteriores tomábamos directamente sus enseñanzas y lo mejor: su experiencia profesional. El trato directo,amable,afectuoso no desdeñaba el rigor técnico pero uno disfrutaba de cada palabra, de cada ejemplo dado. Por problemas ajenos al estudio debí ese mismo año dejarlos, pero me llevé amigos, algunas cuantas enseñanzas y el conocimiento directo de tipos - los profesores - que amaban la profesión y que más allá de posiciones distantes eran docentes. Sesarego y los otros se llevaron el curso y los alumnos a la avenida Rivadavia en el barrio porteño de Once quedándose un grupo inicial con el maestro Pablo Pereyra, que siguió dando clases por muchos años más. Nunca nos transmitieron esas rencillas internas, eran hombres éticos,integrales.Pero eran evidentes los problemas y las diferencias desde el mismo cambio de sede,de la inicial en la Galería Güemes donde siguió dando clases Pereyra a la nueva en Once. 

 "Ehhh...señor Sesarego: ¿podría dibujarme  algo, hacerme un dibujo,lo que quiera en mi cuaderno?" ,fue la pregunta que se me ocurrió hacerle a la tercera o cuarta clase, cuando nos estábamos yendo. Ese era un momento de fervor y entusiasmo, porque siempre se acercaban profesionales a charlar con los profesores, colegas suyos, y nosotros nos íbamos enterando así que además de dibujar...¡tenían rostro! Ese era el momento también para prolongar los diálogos pero de manera personal, de a dos o tres prescindiendo del grueso de la clase. Por eso me animaba a pedirle un dibujo. Leandro deslumbraba mis lecturas de la niñez desde las tapas de los minilibros de la colección de clásicos que entregaban las revistas de Hijitus y Larguirucho.Y ahora estaba ahí adelante y me decía:"Pero claro, como no,dame el cuaderno".Y con una vulgar birome azul realizó a su personaje "Gengis-Khan", historieta que estaba realizando para publicar en Europa via Ediciones Record. "¿Y eso, cuándo va a salir,maestro?", preguntaban a mis espaldas agolpados alumnos que volvían a entrar para ver a Leandro que se había puesto a dibujar."No lo sé, uno entrega el trabajo pero no sabe cuándo y a veces incluso dónde va a ser publicado" ,nos respondía con amabilidad, con lo de siempre al fin, con experiencia transmitida, su modo de tratarnos.

                                                                                                                        Cuánta nostalgia...
Acá muestro algunas páginas de esos cuadernos "Arte" cuadriculados que usaba para tomar apuntes de lo que Sesarego y los otros profesores escribían o dibujaban en el pizarrón. Aún en el trazo mío se puede advertir - en mis dibujos que copian del pizarrón - la impronta de Leandro Sesarego,si se observa atentamente. La correcta anatomía, el tipo humano (perfil del hombre y de la mujer, por ejemplo),en fin, el estudio de la anatomía humana. Lo relativo a la técnica de la historieta lo daba otro profesor, Enrique Cristóbal. Él nos llevaba por los caminos de la narrativa, con tipos de historietas, planos o encuadres, diagramación de la página, centralizaciones,etc. El Humor Gráfico lo enseñaba Cilencio.  Estos maestros eran dibujantes de carrera, de trabajo y tenían o se daban el tiempo para explicar y pulir las rocas que muchos de nosotros éramos.Con una sonrisa en el Alma y una lágrima en el corazón me animo a decir: ¿habrá un lugar del encuentro, seguirán enseñando ahora, allá en el Cielo?

Felipe R. Ávila


Estudio de la anatomía. El ser humano de frente. 





Volúmenes,sombras y luces. Estudio.
Manos, estudio de la volumetría.
Brazos, estudio del movimiento del brazo, los límites posibles.

Mano, estructura.Más abajo: "contorneando el muñeco", dándole carnadura a la estructura de base inicial.Y rostro femenino de perfil,con correcciones en la zona de boca.

Mas sobre Leandro Sesarego en:
http://luisalberto941.wordpress.com/tag/leandro-sesarego/
http://rebroteorganizandoeventos.blogspot.com.ar/2011/03/cursos-de-dibujo-de-la-ada-en-el-ano.html

martes, 17 de mayo de 2011

Pablo Pereyra: el diseñador de las revistas de Oesterheld











Logotipo de revista Hora Cero, de Editorial Frontera,año 1957, utilizando la tipografía "Franklin Gothic Heavy" sobre un soporte de características orgánicas. Resaltan las letras blancas sin serif sobre un fondo en negro, obteniendo un contraste absoluto.







Una de las características sobresalientes de Editorial Frontera, la mítica empresa que acometiera Héctor Germán Oesterheld junto a su hermano Jorge, fue la imagen de la misma. Además de los guiones originales y de la posibilidad de expresión de ilustradores extraordinarios –nunca tantos de tanta calidad en un mismo medio-, la editorial tuvo un tratamiento gráfico y publicitario novedoso que recayó en el maestro de dibujantes, y por entonces artista con experiencia en agencias de publicidad, Pablo Pereyra. Este creativo realizó las tapas de las publicaciones, primero ateniéndose a las pautas de entonces con algunos cuadros de la primera historieta de la revista en tapa, como introducción. Este sistema ayudaba a darle algo de color al personaje, ya que tapa y contratapa eran, a la postre, las únicas a color. Las revistitas Frontera y Hora Cero eran apaisadas y pequeñas (13x19,7 cm). Pereyra le agregó a una imagen fuerte (generalmente un soldado, un guerrero indio o un personaje ya reconocido por los lectores), algunas líneas de texto donde se aclaraban los autores: del guión y los que dibujaban en el interior. Las portadas de entonces trasuntan dinamismo, y fuerza. El logo de cada una redondea la imagen. Tanto el de Hora Cero como el de Frontera fueron realizados presumiblemente por Pereyra, no así el emblemático isotipo de la editorial con el indio Pampa parado en el caballo, oteando el horizonte, que fue dibujado por Joao Mottini. El propio Pereyra contaba lo sucedido por entonces en un excelente reportaje:(1) “La mejor aventura que tuve como publicista fue cuando me invitaron a hacer una revista de historietas. Todo surgió, creo, en casa de Pratt. Todos los integrantes del cuerpo de profesores de la Panamericana nos reuníamos allí con Oesterheld, en un asado. Estaban Pratt, Bayón ,Lipzyc ,Breccia. Hablamos de hacer algo. Pero quedó ahí .No se volvió a tocar el tema. Cuando Oesterheld decide abandonar editorial Abril y fundar su propia editora con algunos dibujantes de Abril, Lipzyc le propone mi nombre para director de arte. “Pereyra no sabe nada de historietas” le contestó Oesterheld. Tanto insistió Lipzyc que me llamaron. Pratt había hecho unos bocetos. Me propusieron hacer una o dos revistas. Habría que hacerlas aprovechando el público de Misterix, pensé. Tenía la tapa con cuadritos, como Misterix, para atraer al público.” Posteriormente, desaparecen los cuadritos en la tapa y la imagen gana todo el espacio. Se afianza Hugo Pratt como ilustrador (ya era EL historietista-referente para una nueva generación de dibujantes y lectores). Amplía Pratt sus posibilidades con la realización de las portadas de Hora Cero Extra, de formato vertical, donde recrea el mundo de los uniformes de las tropas combatientes en la reciente guerra mundial. Pratt tenía frescos recuerdos de su sobrevivencia en la guerra, a los que le sumaba una documentación eficiente y colorida: distintivos de grupos, armas, rostros de los combatientes...Todo era expresado por Pratt, con la aparente eficiencia del documentalista y la expresiva belleza del artista joven, que parecía beberse el mundo desde su Buenos Aires adoptivo. Pereyra continúa en el citado reportaje: “Hora Cero se hizo en mi casa, en la calle Francia al 2000, que estaba en reparaciones. Después se pensó en hacer algo en la casa de la hermana de Oesterheld. Cuando hubo dinero, vinimos al centro, a la calle Cangallo. Venía los viernes a ver a los nuevos dibujantes. –Mirá , “tano”, los bocetos para dos colores son estos -le dije a Pratt cuando le entregué los primeros bocetos. Pratt me gustó porque calcó el boceto que hice y le dio su estilo. -Decime una cosa, qué hiciste, me pusiste todos los soldados al revés! (había calcado al revés). -¿Y acaso no hay soldados zurdos ?-me contestó-.



El clima de libertad creativa se trasunta en la originalidad del producto revista de historieta moderna, tanto desde las ilustraciones, como del guión y el diseño. Un nuevo producto para una nueva mentalidad de lectores. Pablo Pereyra cuenta (2): “Así surgió Frontera, con el Sargento Kirk. Se llamó Frontera porque pensé en la lucha de fronteras, representada por el Sargento Kirk. Después surgió otra revista. Se propuso ponerle de nombre Ataque o Combate. Propuse Hora Cero. Me parecía que la hora cero es el comienzo de la guerra moderna, la cuenta regresiva para lanzarse a la aventura moderna. Hora Cero fue la revista que revolucionó todo lo que venía haciéndose” .

El talento y la experiencia de Pereyra, no sólo le dan la clave al grupo de la denominación de cada nuevo producto, sino que lo lleva a realizar publicidades memorables sobre concursos, nuevas publicaciones y personajes. Así, los lectores se enteran en otras revistas de la Editorial de la aparición, por ejemplo, de Sherlock Time en Hora Cero Extra Nº 5,lo que lleva a una retroalimentación del producto, hoy muy común, pero novedoso por entonces por la reiteración: el lector tenía la sensación de estar bien informado de cada detalle, y el todo (revistas en su conjunto, autores y lectores)era una isla (o por lo menos así se autoproponían) en medio del resto de las publicaciones. Y cuando uno expresa el resto, se refiere también al mundo. En vista de la vanguardia mundial que representaron, con sus claras influencias .Y porque Oesterheld planteaba ya desde el primer número de Hora Cero que ésta -y las restantes revistas de la Editorial, aún las que estaban por aparecer a futuro- eran piezas únicas, de colección, con contenidos para gente pensante, una historieta adulta pero también disfrutable por menores no imbecilizados. Si bien las publicaciones de Editorial Frontera eran un producto diseñado desde todo sentido según lo expresado, las historietas en sí presentaban al comenzar el título, dibujado por el mismo ilustrador, con resultados desparejos. Esta costumbre de rotular el mismo dibujante su obra, a veces se complementaba con el trabajo del anónimo letrista, verdaderos creativos que resumían (al modo de un logotipo, pero sin su síntesis), el contenido básico de la historia. En una simbiosis entre contenido y nombre (expresado allí) del protagonista, o título de la historia, que intentaba ser síntesis, pero que abundaba en detalles superfluos o faltos de economía visual. Porque ya se sabe: en Diseño...“Lo menos, es más /Lo más es menos” – escribía Bob Gill. Si bien vistos hoy día muchos encabezamientos o titulares de historieta visualmente hablando han envejecido, algunos mantienen la fuerza inicial, sumada a cierto encanto naive que permanece. Junto a estas variantes, solían aparecer como introducción a la historieta cuadros con el título puesto en un rotulado mecánico, colocado por el diagramador de la publicación que fuere, ateniéndose simplemente al uso de alguna tipografía de catálogo. Pero los encabezamientos de cada historieta no son algo externo a la historia sino, por el contrario, parte de las mismas. Están ligados por la artesanía de su construcción a la destreza del dibujante de la historia, aunque no sea siempre éste el que los realice.Existe una larga tradición de historietas presentadas de este modo y no faltaron en varias etapas de las revistas de Frontera. Pero una sensación de culminación de una época les rodea; de algo parecido a lo máximo posible por dar, de su parte. Todo lo contrario a lo que sucede con los guiones de ellas, siempre actuales –aunque algunos pequeños detalles delaten su antigua realización-. El trazo vanguardista del pensamiento oesterheliano, aunado al lenguaje visual innovador de artistas como Alberto Breccia , siempre tendrán algo más por decir. Nos remiten a una nueva y más detenida lectura, a una revisión de los dibujos, a una atención más detallada y constante para disfrutar de esos objetos realizados en segundo plano, de esos paisajes alejados, de esas voces que aún proclaman que la invasión está presente.

Felipe R. Ávila.

Datos: (1)y (2): Fragmentos de la entrevista realizada a Pablo Pereyra en la revista “Perspectiva de y para los DIBUJANTES”, Nº 2, de Mayo-Junio de 1981, sin datos de los autores.La foto de Pereyra, gentileza de José Massaroli. Las portadas de las revistas Hora Cero y Frontera se muestran sólo con fines ilustrativos. El logotipo que encabeza esta nota fue reconstruído digitalmente utilizando la tipografía antes nombrada por el mismo autor de esta nota, Felipe Ricardo Ávila.



PRÓXIMA NOTA (20/05/11):Los últimos días de vida de "Tanguito" narrados en formato de historieta.

lunes, 21 de marzo de 2011

Fotografiando a los artistas (5) Massarolli, Mulko, Leopardi,Pablo Pereyra, Merel, Meier, Rep, Meriggi

Fotografías, imágenes hechas con luz que atrapan el instante y lo vuelven a mostrar como si no hubiera pasado el tiempo.Amigos entrañables, colegas, profesionales admirados por el público... hoy aquí en este blog,una vez más, la Imagen. Mostrándonos esas fotos únicas, que ayudan a formar la Gran Memoria de nuestro Pueblo.





(Fotografias del album personal de un artista que ha hecho dibujos animados, ha sido y es ilustrador e historietista: José Massaroli).
En la foto principal a colores vemos una animada partida de ajedréz en el "Estudio Géminis".Puede observarse a Sergio Mulko (de barba y remera blanca) y uno pensar que este joven en esos años estaba dibujando a "Nippur de Lagash" o la serie del "Planeta de los Simios" con guiones de Jorge Morhain, allí mismo, en esa habitación con esos tableros de dibujo. O ver al recordado Horacio Merel, dibujante de tantas buenas historietas gauchas para Editorial Columba y de "Historias de la Pampa Bárbara" para la mítica revista "Turay", nada menos.
Gracias José por prestarnos estas fotos entrañables, llenas de artistas del papel, el lápiz y la tinta china.
Felipe R. Ávila

¡Basta de Pitufos!.Animando la serie televisiva, año 1987.















El día del casamiento de José, delante suyo el maestro Pablo Pereyra, abrazando a Enrique Meier (de barba a dos colores) y Horacio Merel.Ramón Gil, Rubén Meriggi (al aldo del niño) y abajo: Rep.





Tres dibujantes tres: Massaroli, Héctor Torino y Carlos Leopardi, año 1986.
PRÓXIMA NOTA (24/03/2011):
“Definiendo la Historieta” / Texto inédito, escrito especialmente por Alejandro Dolina.

miércoles, 5 de agosto de 2009

* Confesiones de invierno (1) Pablo Pereyra

Comienzo hoy aquí una nueva sección, pequeña, casi íntima. Se llama como aquella canción de Charly García, y más de uno al leerla pensará en esos acordes hechos en guitarra acústica como fondo para la misma lectura (¿Por qué no?). Pero se refiere concretamente a pequeñas anécdotas, recuerdos casi borrosos que no sólo yo sino otras personas, irán dejando en este blog acerca de sus experiencias muy cercanas con guionistas, dibujantes, artistas de este mundo nuestro de la livic, la literatura verboicónica...
la historieta,che.


Confesiones de Invierno (1):
El maestro de dibujantes.


Pablo Pereyra fue un excelente dibujante, publicista y diseñador, maestro de maestros en esto del dibujo en Argentina. Él fue el responsable del diseño de las míticas revistas de historietas “Hora Cero” y “Frontera”. Nombres que el mismo le propuso a Oesterheld en su momento.




Allá por el año 1980, más o menos, pude conocerlo personalmente. Habremos charlado dos o tres veces y siempre en el mismo contexto: yo acompañaba a mi amigo Horacio a sus clases. Horacio había empezado unos meses atrás conmigo, en 1979, cuando nos anotamos juntos en unos cursos que vimos en las revistas de Ediciones record. El curso era para aprender a dibujar y escribir historietas. El aviso –engañoso- decía que Lucho Olivera y otros profesionales enseñaban dibujo. Por supuesto me anoté. Pero Lucho ya no estaba. En su lugar aprendimos a valorar los conocimientos y el don de gente de esos profesores: Leandro Sesarego (un ilustrador de primera), Cilencio (Eugenio Cilento, que empezaba a ser conocido con sus cartoons), Linton Howard (con sus largas y aburridas clases de guión historietístico, que derivaba siempre hacia los comienzos del cine mudo norteamericano, para terminar charlando con un compañero mucho mas grande que nosotros, el arquitecto Esteban Larucchia, que le contaba de los libros de historietas que tenía.Mientras los demás hacíamos caricaturas de Linton y esperábamos el fin de la clase). Y también estaba allí un gran ser humano, Enrique Cristóbal, un señor historietista. Allí estaba el plantel de base de lo que poco después daría a conocerse como el primer Fanzine argentino: "Crash",del que tal vez algunos escucharan hablar. Pero para eso faltaba algún tiempo, mientras tanto y a pesar del desencanto de no poder (aún) estudiar con Lucho Olivera,yo intentaba igual estudiar con esos profesionales,para llegar a ser también como ellos un "historietista". Hay que decir que como las condiciones económicas eran malas, pronto tuve que abandonar el curso, al no poder pagar la cuota mensual. Las clases originalmente comenzadas en la galería Güemes habían pasado rápidamente a unas oficinas en la zona de Once, cerca de la estación Miserere. Fruto de contradicciones internas entre los dibujantes asociados(¿alguna vez alguien escribirá cuántas "A.D.A.",cuántas Asociaciones de Dibujantes hubo en nuestro país?.Así que dejé de concurrir pero igual estaba al tanto de algunas cosas. Mi amigo Horacio, en cambio, siguió un par de años y así fue derivado a la escuela de Pablo Pereyra (ver aviso suyo extraído de una revista de dibujo), mientras era alumno de varios profesores más, de los que aprendió muchísimo, como Frank Szylagy, Pablo Mártire, y Cativa. Y sobre todo, aprendió con Pablo Pereyra, del que además de cientos de horas de "modelo vivo" y aprendizaje de la anatomia humana, mi amigo Horacio recogía -y desparramaba luego entre los amigos- múltiples y divertidas anécdotas.

Pero ahora yo estaba ahí en el lugar de clases, frente a esa gloria viviente: el maestro de dibujantes, Pablo Pereyra. El hombre era aún grandote, se notaba que había sido jugador de Rugby años atrás. ”¡Qué hacés, flaco de mierda! ¿Trajiste a tu amigo? Le espetó a Horacio, sobre mí. Nos reímos. Pereyra era de esos tipos capaces de decirte una mala palabra y sin embargo hacerte reír. Lo recuerdo así, y tal vez sea como tantas cosas que la memoria deforma. Pero creo recordarlo exactamente como lo veía.
Era un hombre de sonrisa grande, en una cara algo dura de rasgos. Y su hablar era campechano, como su movimiento. Parecía un hombre sencillo, y a la vez era maravilloso enseñando dibujo. La oficina-escuela quedaba por la calle Florida.Más precisamente en la Galería Güemes, en la zona bancaria de Bs. As. Recuerdo que en las paredes había cuadritos con distintas ilustraciones hechas por Pereyra. Jugadores de rugby en lucha por el balón, surgían de entre líneas de tinta negra que sobresalían de sus bordes, como escapando a las figuras básicas geométricas que les daban forma. Otros cuadros eran algunas de las tapas a color que Pereyra realizara para la recordada colección “Robin Hood”, de Editorial Acme; ilustraciones sobre novelas famosas de la literatura universal. Algo sin embargo no me cerraba, y eran unas opiniones sobre Oesterheld que, Horacio me había contado, Pereyra había deslizado en un par de clases:“Dijo que no sé en que andaba metido, que ...” -me comentaba sin grandes precisiones, mi amigo, un adolescente como yo, en ese entonces. Y no podía dármelas a esas precisiones, así que todo quedó en que pareciera haber sido un reproche de Pablo Pereyra, hecho en caliente, hacia un muy conocido guionista de historieta que un día apareció para ver la clase.“Ustedes le dan manija a Oesterheld, a ese...” ,Le gruñó Pereyra.

Todo esto sucedió, y la memoria aquí es fiel; pero era tanto lo que desconocíamos de lo que estaba sucediendo (no los colegas de Oesterheld, evidentemente, sino los alumnos, los nuevitos, el público en general), que las preguntas quedaron sin respuestas. Lamentablemente.

Pablo Pereyra fue un grandísimo artista y todos sus alumnos lo recuerdan además como un gran hombre y valoran sus cualidades. Por algo debe ser. Tal vez esta pequeña anécdota sobre su opinión personal sobre Oesterheld no le haga honor a su verdadera forma de ser, a su valía como ser humano, y a su don de gente tantas veces reconocido. Pero muestra posiblemente con claridad cómo es que han coexistido en nuestro país, varias Argentinas, las que trágicamente muchas veces no sólo no se han puesto de acuerdo sino que se han rechazado inevitablemente. Pereyra fue seguramente un gran tipo.
Oesterheld también. Y ese joven guionista de entonces bastante hacía(o hacían) con ese miedo encima a su propia suerte mientras divulgaban para las nuevas generaciones (nosotros y los que vendrían) la fantástica y magnífica obra creativa de Oesterheld.
Quede este relato como una simple anécdota, un recuerdo, para que no se pierdan también para siempre las cosas que ha modo de iniciales "confesiones de Invierno" aquí les he narrado. Con contradicciones. De ese tipo de contradicciones, tan nuestras.


Felipe R. Avila
La cara de Pablo Pereyra está tomada del sector central de una foto más grande,grupal, gentileza del artista José Massaroli.